martes, 29 de abril de 2014

By Paul Auster

Ahora sí: habla Paul Auster. Dice que escribir es una “extraña manera de pasarse la vida, encerrado en una habitación día tras día, año tras año, empeñado en darle vida a algo que no existe más que en su imaginación”. Se pregunta “qué sentido tiene el arte en lo que llamamos ‘mundo real’. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento”, “nunca evitó que una bomba caiga sobre civiles inocentes”, detalla y sigue: “Hay quien cree que puede hacernos mejores. Quizá sea cierto en algunos casos aislados”, reflexiona, “no olvidemos que Hitler comenzó siendo artista, que los asesinos leen literatura en la cárcel. En otras palabras, el arte es inútil. Pero qué tiene de malo la inutilidad”, se preguntó y se contestó: “Yo sostengo que el valor del arte consiste en su inutilidad. Es lo que nos define como seres humanos, hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo”. Volvió a la infancia, dijo que quienes pueden recordarla recuerdan “el ansia con que esperábamos que nos contaran una historia. Los cuentos de hadas suelen ser crueles y grotescos, cualquiera pensaría que eso espantaría a un crío pero lo que el chico experimenta es justamente una liberación de esos miedos. Nos hacemos mayores y no cambiamos, seguimos esperando que nos cuenten otra historia, y otra y otra más”. Cerró con una nota esperanzada: “Me siento optimista respecto del futuro de la novela. Hablar de cantidad de lectores no es importante, porque hay solo un lector. Un lector cada vez. La novela constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse con total intimidad. Me he pasado la vida hablando con extraños. Y espero hacerlo hasta mi último aliento”.

Fuente:
http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Auster-Coetzee-dieron-clase-literatura_0_1129087338.html

martes, 2 de julio de 2013

Muestra fotográfica de Bob Gruen sobre John Lennon


Bob Gruen, amigo y fotógrafo personal de John Lennon, presentó en el Centro Cultural Recoleta “John Lennon: sus años en Nueva York (1971-1980)”, una muestra de 120 fotografías de ex Beatle. Fueron años de crecimiento y de cambios, de activismo político, de fracasos y de críticas, de alcoholismo, separaciones y reconciliaciones con Yoko Ono. Bob Gruen estuvo presente durante toda la vida de Lennon en la Gran Manzana. Presenció y fotografió numerosas sesiones de grabación, conciertos, conferencias de prensa y eventos benéficos. También estuvo en los momentos más personales: caminatas reflexivas con Yoko, las primeras fotos de Sean, el hijo de ambos, cenas y fiestas de cumpleaños.
Estuve allí durante la muestra. Estas son algunas fotos de esas fotografías que tomó el privilegiado de Bob.

(La muestra tuvo lugar es Buenos Aires, entre el 19 y 23 de junio de 2013)







martes, 2 de abril de 2013

Los pichiciegos, de Fogwill



ALGUNOS APUNTES DE LA NOVELA
           
Primera versión literaria de la guerra de Malvinas; fue escrita mientras el conflicto aun se estaba desarrollando y su originalidad consiste en reformular el género con que la literatura ha narrado dicha guerra: no la cuenta como épica, sino como farsa. Los elevados valores de las exaltaciones patrias quedan relegados por la lógica de una supervivencia subterránea. Las glorias de las hazañas guerreras, la honra de morir por la patria son dejadas de lado y su lugar es ocupado por un sistema de astucias, ocultamientos y disfraces que es utilizado por los personajes con el único fin de sobrevivir. Por lo tanto el relato carece de héroes los cuales son reemplazados por meros pícaros y farsantes.
            La novela limita la temporalidad del relato acoplándolo al de la guerra, haciéndolos coincidir casi exactamente[1]. Con este gesto, el texto se preservó de interpretaciones que fueron fijadas con posterioridad al conflicto: la falta de preparación de los jóvenes soldados argentinos, la carencia del armamento adecuado, el abandono y la desprotección a los que serían arrojados los veteranos, la denuncia cívica al poder militar por su maniobra extrema para salvar a una dictadura que ya había entrado en su fase de descomposición.

martes, 19 de marzo de 2013

ELEGIR MI PAISAJE


Si pudiera elegir mi paisaje
de cosas memorables, mi paisaje
de otoño desolado,
elegiría, robaría esta calle
que es anterior a mí y a todos.

Ella devuelve mi mirada inservible,
la de hace apenas quince o veinte años
cuando la casa verde envenenaba el cielo.
Por eso es cruel dejarla recién atardecida
con tanto balcones como a nidos a solas
y tantos pasos como nunca esperados.

Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos,
los espías aleves de la soledad,
las piernas de mujer que arrastran a mi ojos
lejos de la ecuación de dos incógnitas.

Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte,
hojas secas, bocinas y nombres desolados,
nubes que van creciendo en mi ventana
mientras la humedad trae lamentos y moscas.

Sin embargo existe también el pasado
Con sus súbitas rosas y modestos escándalos
con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera
y su insignificante comezón de recuerdos.

Ah si pudiera elegir mi paisaje
elegiría, robaría esta calle,
esta calle recién atardecida
en la que encarnizadamente revivo
y de la que sé con estricta nostalgia
el número y el nombre de sus setenta árboles.

Mario Benedetti, Sólo mientras tanto

lunes, 11 de marzo de 2013

La conversación, de Francis Ford Coppola








APUNTES DE LA PELÍCULA

Estrenada en Estados Unidos en 1974, pocos meses antes de El padrino II y dos años después de El padrino I. Momento creativo de mayor plenitud en Coppola.

Contexto: era un momento político muy particular en Estados Unidos. El escándalo del Watergate por las escuchas telefónicas al Partido Demócrata (llevadas a cabo por el comité de reelección con el aval presidencial), provocó la renuncia del presidente Nixon. En 1973 se confirmó la existencia de cintas grabadas con numerosas conversaciones registradas en las dependencias de la Casa Blanca y el 8 de agosto de 1974, Nixon renuncia a su cargo.

Durante las secuencias iniciales, un hombre desde una azotea apunta con una especie de rifle a la pareja que camina por la plaza. El objeto (es el micrófono que capta la conversación), se parece a un arma de fuego. Incluso se puede ver a los personajes espiados a través de la mira telescópica. La escena remite a la idea del magnicidio, muy presente en la cultura estadounidense. El magnicidio es la escena fundante de su cine. La que es considerada como la primera película de la historia (por contar un lenguaje propio del cine), El nacimiento de una nación de David Griffith, pone en escena el asesinato de Lincoln. El tema fue retomado varias veces a lo largo de la historia por distintos directores. En Taxi Driver (1976), el personaje de Robert de Niro intentará asesinar a un candidato presidencial. En Blow out (1981), durante un accidente automovilístico muere un candidato a la presidencia aunque el protagonista de la historia, testigo del hecho, cree que fue un atentado. En JFK (1991) de Oliver Stone reconstruye la trama del asesinato de John F. Kennedy. En la línea de fuego (1994), Clint Eastwood interpreta a un guardaespaldas que intentará salvar la vida del presidente que protege, pero que vive atormentado por no haber podido evitar el asesinato de Kennedy cuando era custodio de él.

Nuevo cine de Hollywood. Historias que priorizan la individualidad de los personajes, su interioridad. Historias que se toman su tiempo para contar lo que tienen que contar. Ritmo “lento”, característico del cine europeo.

Referentes: Michelangelo Antonioni. Blow up (1966). El clown es una referencia a dicha película. Alfred Hitchcock: Ventana indiscreta (observador pasivo que no interviene) y Psicósis (escena del baño, grito agudo de la mujer cuando es asesinada). Jean Pierre Melville, El samurai (1967), Jeff Costello, un samurai urbano en un entorno solitario.

Construcción del personaje: obsesión por su trabajo, no se permite desvíos, soledad, introspección, vacío interior, incomunicación, tensión con el entorno. Hermetismo: dificultad para penetrar en sus secretos (Stan renuncia y Bernie pregunta demasiado). Su única actividad extralaboral está vinculada con el sonido: es saxofonista. Su saxofón es lo único que no destroza cuando busca el micrófono en su departamento.

Harry Caul es un especialista en vulnerar las intimidad de los demás y a su vez no puede evitar que los otros vulneren la suya. Se enajena cuando se entera que su colega Berni grabó su conversación con la mujer y que está siendo espiado en su departamento. La casera del edificio donde vive también vulnera su intimidad cuando entró en su departamento el día de su cumpleaños para dejarle un regalo.

Los Coppola, una familia de cine: su hijo aparece en la escena de la iglesia y su hermano en el confesionario (esto se repite en otras películas suyas)

Marcas autobiográficas del director: parálisis del personaje cuando era niño.

Referencias literarias: el nombre del personaje remite a Harry Haller (El lobo estepario) y el apellido a Holden Caulfield (El guardián en el centeno). El primero es un personaje solitario, desarraigado, en conflicto con su entorno. El segundo, es un personaje que no soporta el mundo que lo rodea, lo ve como un lugar hostil corrompido por los adultos. Es decir que son dos personajes cuyos nexos con el mundo que los rodea están quebrados.

Preponderancia de la tecnología.

Religiosidad extrema. Rechaza las blasfemias (¡Cristo!, ¡Dios mío!), se transfigura cuando escucha expresiones como éstas. Confesión. Veneración por las imágenes religiosas: estatuilla de la virgen es lo último que destroza.

domingo, 10 de marzo de 2013

POSIBLES




A lo peor nadie me atiende
nadie recibe los mensajes
nadie se alegra     nadie llora
nadie enciende su sangre
con estos versos que se rompen
en los papeles
y en el aire

a lo mejor alguna alguno
en un insomnio titubeante
halla que dos o tres palabras
le entregan algo de alguien
desde estos versos que se rompen
en los papeles
y en el aire

a lo mejor
quién sabe

Mario Benedetti, de Yesterday y mañana

viernes, 1 de marzo de 2013

El general, el pintor y la dama, de María Esther de Miguel


El general es Justo José de Urquiza, el vencedor de Rosas y presidente de la Confederación Argentina. El pintor es Juan Manuel Blanes, artista uruguayo que llevó al lienzo las glorias guerreras del general. La dama es Carlota Ferreira, amante del pintor y de su hijo al mismo tiempo. El texto recrea la vida de estos tres personajes históricos alternando puntos de vista y estilos.
            La novela arranca con un prólogo en el que un narrador en primera, que se asume como la voz de la propia autora, narra las circunstancias en las que llegó a sus manos un extraño manuscrito durante su estadía en un viejo convento de Roma. Años más tarde, ya de regreso a Buenos Aires, lo lee y descubre una historia que involucra a un famoso pintor latinoamericano, una bella dama viuda de un hombre poderoso y al hijo menor del primero. Cuando por azar la narradora se encuentra de visita en el Palacio San José, ex residencia de Justo José de Urquiza convertida hoy en museo, descubre aquellas pinturas que Juan Manuel Blanes realizó por encargo del general entrerriano. También descubre la historia de ese pintor, la de uno de sus hijos y la de esa mujer que ambos amaron; la misma historia que había leído en los manuscritos que veinte años antes había traído de Roma. Decidida a completar los vacíos de aquel texto, se sumerge en una investigación para reconstruir la historia de aquellos tres personajes.
            La novela continua con dos grandes bloques. En el primero de ellos se alternan trece capítulos denominados “Papeles del general” y “Papeles del pintor” respectivamente. Allí se narra, por un lado, las hazañas bélicas del general Urquiza y sus aventuras amorosas. Por el otro, la vida de Juan Manuel Blanes, su juventud, sus inicios, su matrimonio y su trabajo al servicio de Urquiza realizando las pinturas antes referidas. El segundo bloque, “Papeles del hijo”, es el manuscrito que la narradora del prólogo trajo de Roma. En él se narra exclusivamente la vida de la familia Blanes, sus numerosos viajes entre Montevideo y Europa, y la ménage à trois entre Blanes padre, hijo y Carlota Ferreira, la misteriosa y seductora viuda disputada por ambos hombres. La novela cierra con un epílogo en donde la misma voz narrativa del prólogo clausura el relato dando cuenta de los días finales del pintor y del ignorado destino de Carlota Ferreira con la esperanza de que en el futuro aparezca algún elemento que permita completar la historia.
            Tenemos en principio una novela construida desde diferentes ópticas: la del narrador en primera persona del prólogo y epílogo, quien descubre casualmente la historia y se propone reconstruirla. La del narrador en tercera del primer gran bloque narrativo, que relata los hechos desde el punto de vista de Urquiza y Blanes respectivamente. Y la del hijo de Blanes, que narra en primera persona su drama personal y familiar en el segundo gran bloque narrativo.
            El general Urquiza es, en la novela, una figura caudillesca y patriarcal, hombre admirado y querido por su pueblo, jefe militar y estratega exitoso. Pero también es hombre de debilidades. Su predilección por las mujeres le ha otorgado una extensa descendencia. También cierta vanidad se percibe en su decisión de perpetuar en el lienzo sus triunfos guerreros. Sin embargo, estos dos últimos aspectos de su personalidad no lo convierten en un personaje negativo. Mas bien le otorgan a su figura un rasgo de humanidad y lo alejan de aquellas construcciones inmaculadas con las que la historia ha erigido a ciertos próceres.
            Por su parte, Juan Manuel Blanes es un artista que busca su espacio a fuerza de trabajo. En un autodidacta que construye su arte con perseverancia y tenacidad. Sin embargo, también es consciente de que un verdadero artista debe tener una educación formal que solo encontrará en Europa: “Yo debo ver museos, acercarme a los pintores célebres que han pasado por el mundo a lo largo de los siglos. Debo tomar clases, profesionalizarme, hacerme conocer fuera de estos rincones marginales […] ¿Cómo puedo satisfacerme? Yo necesito ver mundo, necesito un maestro que me guíe en esta vocación que a veces pienso es una vocación de mierda… Pinto según mis corazonadas y punto, y así no puedo adelantar mucho. Esto lo sabe hasta un niño de teta. Más que con conocimientos me manejo a puro instinto.”(pag. 109-110)[i] Hacia allí marchará Blanes con su familia: su esposa María, quien abandonó a su legítimo marido para unirse al pintor y sus dos hijos, José Luis y Nicanor.
            Carlota Ferreira es la dama que seduce y perturba. Símbolo sexual y mujer deseable y deslumbrante. Su figura es la antítesis de todas las figuras femeninas que aparecen en la novela y, en especial, la de María Linari, la esposa de Blanes: “-¿Muy cansada, señora Carlota? – preguntaba con su vocecita cada vez más frágil y ese matiz italiano que nunca había perdido, mientras miraba a esa espléndida mujer, en la plenitud de su belleza y de sus años; ella, cada vez más esmirriada, más disminuida, más nada.” (pag. 240)
            Los tres personajes (el general, el pintor y la dama) son personajes que transgreden normas, que desafían ciertas convenciones sociales. El gran general de la nación y primer presidente de la Confederación Argentina, ha dejado más de una decena de hijos en relaciones extramatrimoniales. Juan Manual Blanes ha formado su familia con la mujer legítima de otro hombre, Junto a ella se escapan de Montevideo y se establecen en la ciudad de Salto (Entre Ríos), en donde gracias a los oficios de su hermano Mauricio (una especie de alma mater del pintor), tomará contacto con Urquiza y comenzará a trabajar para él. Carlota Ferreira es la viuda rica y de costumbres disipadas quien con sus flirteos no duda en relajarse en cualquier moral. Finalmente Nicanor, el hijo menor de Juan Manuel Blanes que comparte la amante con su padre, es una persona ambivalente en constante búsqueda de un camino que jamás encontrará. Su vocación, el amor e incluso su identidad son tres deseos que lo han acompañado siempre, pero que nunca logrará satisfacer. Su vida de ha configurado a la sombra de la de su padre a quien admira y rechaza a la vez. El manuscrito que la narradora ha conseguido en Roma es su legado, su confesión y, por sobre todo, el testimonio de su derrota.
            El estilo de la novela es en general anacrónico, con una prosa propia del siglo XIX. Esta característica se acentúa en los “Papeles del hijo”. Quienes hayan leído Amalia de José Mármol, seguramente reconocerán que el estilo de El general, el pintor y la dama es muy cercano al de esa novela iniciática de nuestra literatura, sobre todo en las descripciones físicas de Carlota Ferreira, a quien de Miguel idealiza de manera similar a la heroína de Mármol. Proliferan también frases demasiado ornamentadas: “Fui a mi cuarto y tapé con mis puños las lágrimas que trataban de explotar por mi” (pag. 221); “… sentí correr, como el caudal desbordado de un río, el deseo” (pag. 239); “…donde hubo fuego, cenizas quedan” (pag. 134). Y también algunos clisés: el del artista como sujeto atormentado y de carácter difícil: “Por cierto, éramos artistas, según decía siempre mamá para disculpar las intemperancias de sus tres hombres” (pag. 245); o el de la viuda cansada de su soledad en busca de compañía: “-Ahora, cuando una ya tiene años como para querer estar acompañada. Que dura es la soledad.” (pag. 243)
MDF



[i] Todas las citas de El general, el pintor y la dama corresponden a la edición de Planeta, Buenos Aires, abril de 1997.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Graba, de Sergio Mazza



Graba cuenta la historia de María, una argentina que intenta sobrevivir en París, no en aquella ciudad luz y glamorosa, sino en otra muy distinta, marginal, turbia, desolada. Alquila una habitación en el departamento de un joven fotógrafo divorciado mientras intenta regularizar su situación inmigratoria para no perder el precario trabajo que ha conseguido en una fábrica textil.
El director ha sabido plasmar la soledad y el vacío de María, fundamentalmente durante esos paseos que la protagonista hace hacia ningún lado. Se trata de un deambular sin plan ni objetivos. En su cara se nota que arrastra una carga demasiado pesada y que se encuentra en París huyendo de algo. La película plantea la historia y le dice al espectador lo mínimo posible. El problema es que el director intenta poner las situaciones en el plano de lo ambiguo, pero retacea información para que cada uno pueda establecer sus propias hipótesis acerca de los hechos.
Estructurada con una introducción y tres actos, la historia tiene un interesante arranque que se diluye a partir del segundo acto, fundamentalmente por sus excesos (las dilatadas escena de sexo) y por lo tramos narrativos que no le aportan demasiado a la historia (por ejemplo, la cena entre María, Jerome y su amigo). El título de la obra es por demás abstracto. “Pienso que hay ciertas cosas en la vida que graban. La muerte de un hijo es una de ellas y no sé cómo te recuperas de eso”, explica el director.
MDF