domingo, 2 de septiembre de 2012

Las grietas de Jara, de Claudia Piñeiro



          Durante tres años Pablo Simó, Marta Horvat y Mario Borla lograron mantener y convivir con un secreto demasiado incómodo y perturbador. Solo ellos saben que debajo de los cimientos sobre los que se levanta el edificio en donde tienen su estudio de arquitectura, yacen los restos de Nelson Jara. Ninguno ha roto el pacto de silencio que aquella noche aciaga, tres años antes, juraron mantener. Por eso, cuando Leonor, una mujer joven “de zapatillas negras, jean y remera blanca” entra en el estudio y pregunta por Nelson Jara, los miedos reaparecen y la paranoia se actualiza. ¿Quién es esa mujer que aparece repentinamente en sus vidas con esa pregunta tan inesperada como inquietante? ¿Cuál es su relación con Nelson Jara? ¿Cuánto sabe de su vínculo con el estudio de arquitectura terminado aquel día en el que su cuerpo quedó sepultado para siempre bajo toneladas de hormigón? ¿Para qué lo busca? Tal es el punto de partida de la cuarta novela de Claudia Piñeiro ganadora del premio Sor Juana Inés de la Cruz en el 2010.
             La autora alterna durante el desarrollo de la trama elementos propios de la novela policial con aquellos que conforman una crítica, a veces velada y a veces no, del ámbito social en el que los personajes conviven. La moral de los negocios llevados a cabo a cualquier precio, están cuestionados en la novela junto con el deterioro de las relaciones sociales y personales. En efecto, Pablo Simó, protagonista central de la historia bajo cuyo punto de vista se narran los hechos, es un ser frustrado tanto en lo laboral como en lo individual. En sus ratos libres dibuja una y otra vez el diseño de un edificio que jamás podrá construir a menos que se desvincule del estudio para el que trabaja a las órdenes de Mario Borla. Su mirada estética de la arquitectura, que se pone de manifiesto en los diálogos imaginarios con un compañero de estudios en sus años de universidad, ha sido reemplazada por una visión pragmática y mercantilista, necesaria para que las construcciones al pozo sea un negocio rentable. Su principal función en el estudio no tiene que ver con lo estético, sino con lo económico. Debe buscar por Buenos Aires terrenos a precios convenientes, propiedades cuyos dueños estén obligados a vender a valores bajos, “sucesiones imposibles” y divorcios traumáticos cuyas partes desean vender el inmueble al precio que sea con tal de no verse nunca más las caras. También es quien tuvo que lidiar tres años antes con Nelson Jara, copropietario del edificio vecino al terrero en donde el Estudio Borla y Asociados, levantará una nueva torre. Jara intentará detener la obra debido a la aparición de una grieta en una pared de su departamento. Personaje fascinante, delineado con certeza y precisión, Jara negociará con Pablo Simó para que el estudio se haga cargo del problema ocasionado durante el proceso de excavación del nuevo edificio sin el debido apuntalamiento. Irónico, calculador, paciente, apunta sus dardos con exactitud y a la vez con sutileza. Nada de la vida de Pablo se le pasa por alto. Atiende a todos los detalles de su entorno, tanto laboral como familiar. Jara funciona como una especie de detective anómalo, cuya investigación no apunta a reparar el mal sino al beneficio propio, al bien particular y miserable que debe lograrse de cualquier manera.
            Esta moralidad mezquina abarca a los demás personajes, en mayor o en menor medida. Una frase de Leonor funciona a modo de justificación de las acciones dudosas de casi todos en la novela: “Todo el mundo hizo alguna (…) más grande, más chica, pero la hizo. Y si no la hizo ya la va a hacer, y si no la termina haciendo, se va a arrepentir”. Un juego en el que todo vale y en el que la reglas las imponen aquellos que encuentran el subterfugio necesario para llegar a sus metas.
            Las grietas de Jara invita a una doble lectura y habla también de las grietas internas del protagonista, de las fisuras que se imprimen en su estabilidad precaria hasta hacerla tambalear. A partir de la aparición de Leonor en la vida de Pablo Simó, todas sus certezas se derrumban y ya nada será lo mismo para él. Sus relaciones familiares dan un brusco giro. Pablo se da cuenta de que su matrimonio no es otra cosa más que una simple apariencia, un status quo que se mantiene a fuerza de costumbre y de rutinas. A su vez, la relación con su hija adquiere una sinceridad hasta ese momento impensada y los revela como dos seres capaces de abrirse, de mostrase tal cual son y de comprenderse.
            El texto se lee con fluidez sin que el interés por el mismo decaiga. En el final quizás la autora podía hacer prescindido de algunas páginas que no agregan mucho más a lo ya dicho sobre el personaje. No obstante, el resultado es positivo. Las grietas de Jara conjuga literatura policial, crítica social y una reflexión sobre la crisis del matrimonio y de la mediana edad, en donde las personas han recorrido un camino importante de sus vidas y de pronto se sienten con la necesidad de replantearse caminos y de decidirse por los objetivos que siempre desearon pero que nunca se atrevieron a buscar.
MDF

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